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Por si alguien llega despistado a este punto del dichoso plan: Hemos hablado por encima de digitalización, de la importancia de las ligas más cortas, de que el campus de Norberto funciona y el último día hemos mencionado que nos sobran escuelas de bolos. 

Cribas, sobres, sellos y tiempo perdido | El plan (1ª Parte)

A Dios rogando y con el remo dando | El plan 2ª parte

No, más no siempre es mejor | El plan (3ª parte)

Vamos a profundizar un poco más en esto de fusionar escuelas. En lo de que más no siempre es mejor. No es un invento mío. Seguro que habéis oído hablar de mancomunar servicios. Con menos escuelas de bolos, tendríamos escuelas con dos o tres monitores. Se mejoraría, y mucho, la atención a los niños:

  • Se transmitiría una imagen más profesional a los padres. 
  • Además, se repartiría la carga de trabajo entre más de una persona.
  • Por otro lado, sería más sencillo establecer grupos en función del grado de técnica de cada alumno, lo que viene siendo una atención más individualizada. Cada niño estaría con los de su ritmo. Cada niño en cada momento de su formación necesita unas cosas distintas. Si trabaja con los que está su nivel, es más sencillo motivarle. Dudo mucho, por ejemplo, que en una escuela de artes marciales, junten a cinturones blancos con cinturones marrones. El cinturón marrón no aprende nada. El cinturón blanco se desmotiva. 
  • No necesita lo mismo el que coge el dos de tiro con el 80 por ciento de las bolas que el que a duras penas las llega. Si mancomunamos las escuelas de bolos todo eso sería más sencillo de llevar a cabo, sin duda. Pero es complicado. Cada uno quiere tener su escuela y llevarla a su manera. Esos individualismos impedirán que estas cosas se lleven a cabo. 

Voy a aprovechar que el Pisuerga pasa por Valladolid para poner un ejemplo que todos vamos a entender. No se trata de una fusión de escuelas, pero sí de organizaciones. Y me lloverán los palos por ello, pero me da un poco igual, como siempre. Todos conocemos la Carmencita y la Casa de los Bolos en Santander. La primera tiene unas instalaciones infra utilizadas. Le moleste a quien le moleste, es la realidad. La segunda tiene un equipo capaz de organizar competiciones de todas las categorías, pero las instalaciones dejan mucho que desear. 

Creo que a muy pocos se les escapa que la solución es obvia. También sé que a mucha gente no le gustará, pero yo no busco que le guste a la gente, yo busco que funcione. Es como cuando el médico te recomienda adelgazar, a nadie le gusta ponerse a dieta y sin embargo es la solución. Pues aquí la solución pasa por fusionar ambas entidades y matar una. 

¿Es una pena que se pierda la casa de los bolos? Pues sí, y para mí, sentimentalmente más. Fueron miles de horas las que pasé allí cuando empecé a jugar. Con Canive, Serafín, Manuel Revuelta, Lucio Viota, Víctoriano Soberón…. En lugar de ir a la facultad, allí pasaba las mañanas. Son las ventajas de ser una cebra, te dan un título jugando a los bolos. A los bolos no aprendí mucho, cierto es. 

Pero la casa de los bolos debe desaparecer. El local, ahora que aún hay oportunidad, debe ser vendido por su propietario, la Federación Cántabra de Bolos. Recordad que el plan incluía financiación. Y el equipo y las competiciones, que tan bien en número y calidad organizan, deben llevarse a la Carmencita, tan sencillo y tan difícil como eso. Y en este punto empezarán a lloverme las críticas de la gente que conozco en ambas entidades. Y seguro que en su interior están cargados de razones y hay que respetarlas, pero no por ello hay que compartirlas. 

El resultado final sería beneficioso para todos. 

  1. La Federación Cántabra de Bolos ingresaría un dinero más que necesario a cambio de un local que solo produce gastos en forma de cuotas comunitarias y derramas. 
  2. La Carmencita recuperaría parte de la vida y actividad de antaño que ha perdido por no disponer de un equipo de trabajo acorde al nivel de las instalaciones. 
  3. Y los jugadores no tendríamos que sufrir año tras año las maravillas de la casa de los bolos de sobra conocidos por todos. Todos hemos dicho o escuchado eso de que el año que viene no vuelvo. Y ahí estamos, volviendo año tras año.

¿A quién le corresponde coordinar esto? Yo lo tengo claro. La Federación Cántabra de Bolos y el Ayuntamiento de Santander deben encabezar el tema de la mano y sentar a ambos equipos para llegar a un acuerdo sostenible. ¿Lo van a hacer? Lo dudo mucho. La verdad, sería rentable para los bolos en el medio y largo plazo, sin duda alguna. Pero somos tan cortoplacistas que si no da los resultados mañana mismo no movemos ni un dedo. Siempre se anteponen los intereses y los egos al bien común. Todos decimos querer a los bolos, pero no decimos que nos queremos más a nosotros mismos. 

Resumiendo, toca fusionar instituciones, empezando por las escuelas. Todos sabemos que nos faltan niños en las escuelas. Pues esta es la forma de que no huyan antes de llegar, que perciban unas escuelas sólidas y organizadas en las que pueden estar con niños de su nivel y de su edad. Escuelas en las que se lo pasen bien, aunque los bolos no sean la pasión de su vida a primera vista. El tiempo dirá si se convierten en jugadores, árbitros, directivos o aficionados que asisten a un partido al mes o incluso si terminan desvinculándose de los bolos. Pero que sea el tiempo el que luego decida, y no un puñado de egoístas cortoplacistas, mirándose el ombligo y añorando tiempos pasados que jamás volverán, porque así se hizo toda la vida.

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